Participar en un proyecto de voluntariado internacional con la Cruz Roja Portuguesa en Bragança ha sido una de las experiencias más significativas de mi desarrollo personal y profesional. Vivir y trabajar en el extranjero me brindó la oportunidad de salir de mi entorno habitual, conocer una cultura diferente y contribuir directamente a la comunidad local. Además, me permitió poner en práctica muchas de las ideas que he adquirido a lo largo de mis estudios de Estudios Globales. Vivir de forma independiente en un país extranjero me supuso un reto que me ayudó a ser más adaptable, resiliente y segura de mí misma. Tuve que compaginar las responsabilidades profesionales, la logística diaria y una nueva cultura institucional, al tiempo que mantenía la flexibilidad ante los cambios de circunstancias. Aprendí a afrontar situaciones inesperadas manteniendo la calma, evaluando lo que se necesitaba y encontrando soluciones prácticas. Esto reforzó mi capacidad para trabajar de forma independiente, al tiempo que me permitió reconocer cuándo era necesaria la colaboración y el apoyo de los demás. Trabajar con diferentes miembros del equipo y apoyar a personas de diversos orígenes reforzó mi empatía, mi capacidad de escucha activa y mis habilidades interpersonales. Aprendí que el trabajo en equipo eficaz requiere paciencia, apertura y voluntad para comprender diferentes perspectivas. La experiencia también me ayudó a reconocer mis propios puntos fuertes e identificar áreas en las que aún quiero mejorar.
Una parte especialmente significativa del proyecto fue contribuir a la labor comunitaria y humanitaria. Colaborar en la distribución de recursos locales me permitió ver cómo funcionan los sistemas de apoyo social a nivel comunitario y lo importantes que pueden ser estos servicios para las personas que atraviesan situaciones difíciles. Me proporcionó una comprensión más concreta de la inclusión social, la solidaridad y la equidad, al tiempo que me mostró algunos de los retos específicos a los que se enfrentan las comunidades de las regiones rurales y fronterizas.
El proyecto también me enseñó la importancia de la iniciativa y la responsabilidad. Colaborar en la distribución de recursos, el seguimiento de inventarios, las tareas administrativas y las actividades sobre el terreno me obligó a organizar mi trabajo, priorizar responsabilidades y responder a necesidades cambiantes. Aprendí a tomar la iniciativa sin dejar de trabajar en equipo y respetando las necesidades tanto de la organización como de las personas a las que atiende.
Vivir en Bragança también me permitió comprender mejor las costumbres portuguesas, las prácticas laborales y la vida comunitaria. Trabajar junto al personal local y a voluntarios internacionales me mostró cómo el contexto cultural puede influir en la comunicación, el trabajo en equipo y los servicios sociales. El contacto con diferentes perspectivas me animó a cuestionar algunas de mis propias suposiciones y a abordar las diferencias culturales con mayor curiosidad y apertura.
Las competencias digitales fueron otra parte importante de mi trabajo. Utilicé Excel para registrar información médica durante las actividades de divulgación con el personal de enfermería, mientras que Canva y CapCut me ayudaron a crear contenidos para redes sociales y materiales de comunicación. También utilicé Google Workspace y otras herramientas digitales para facilitar mis tareas diarias y la colaboración.
Aunque trabajar en un entorno lingüístico diferente a veces podía resultar complicado, me animó a ser más paciente e ingeniosa a la hora de comunicarme. Aprendí que una comunicación eficaz no consiste solo en encontrar las palabras adecuadas, sino también en escuchar con atención, hacer preguntas cuando es necesario y esforzarse por comprender a los demás.
Y lo más importante: este proyecto ha conectado mis intereses académicos con la experiencia del mundo real. Mis estudios en Estudios Globales me han despertado el interés por la cooperación internacional, los problemas sociales y los retos globales, pero el voluntariado con la Cruz Roja Portuguesa me ha permitido experimentar estos temas a un nivel mucho más práctico y personal. He visto cómo se construye la solidaridad a través de acciones cotidianas: organizando recursos, apoyando a los compañeros, escuchando a las personas y ayudando a que los servicios comunitarios sigan funcionando.
Me voy de Bragança con mayor confianza en mi capacidad para adaptarme, asumir responsabilidades y aportar mi granito de arena en un entorno internacional. He desarrollado habilidades prácticas e interpersonales, he adquirido una mayor apreciación de la diversidad cultural y he reforzado mi interés por la cooperación internacional, el trabajo humanitario y la inclusión social. Esta experiencia ha supuesto un paso importante en mi desarrollo personal y profesional, y las personas que he conocido, las responsabilidades que he asumido y los retos a los que me he enfrentado seguirán siendo una parte importante de mi trayectoria.